viernes, 6 de octubre de 2017

Vamos a tener grande



Vamos a tener grande...

En estos tiempos de odios idiotas
no hay que tener grandes las banderas,
ni los himnos de los fanáticos,
ni siquiera una buena posverdad.

En estos tiempos de rencores imbéciles
hay que tener grandes las librerías,
los misterios gozosos de la vida,
los sueños en ciudades conocidas.

En estos tiempos de tontos y listos,
del nosotros y ellos, y también viceversa
hay que tener ganas
de volver a conjugar algunos verbos.

En estos tiempos de uniformes y porras
hay que volver a enseñar pensamiento crítico,
a borrar de las Redes Sociales a los incitadores
de enemistades, de rencores, de resentimientos, etc.

En estos tiempos que se pía
lo que nos cuenta nuestra radio, periódico o televisión favorita,
lo que parlotean nuestros inteligentísimos políticos,
vamos a ser más listos que ellos,
aunque sea por una vez.

En estos tiempos vamos a tener grande, muy grande,
la inteligencia, la ética, incluso la estética;
las ojeras después de una buena noche,
las risas después de un duro día de trabajo.

Así que dejémonos de gilipolleces,
de jugar a ser dioses juzgando al otro,
de preferir sin ti a contigo,
de no disfrutar hoy.

David J. Calvo

jueves, 24 de agosto de 2017

La sinrazón de todos los días

La sinrazón de todos los días

Y cada peor y cada vez más odios
en un mundo tan viejo como las personas
que se sienten abatidas
dudando entre el por qué y él para cuándo.
Pero el mundo seguirá girando alrededor del sol
a treinta kilómetros por segundo;
volverán a enamorarse los jóvenes
y los ancianos seguirán soñando
con sabe dios que tarde de lluvia.
Pero otras guerras te desgarrarán por dentro,
otros desertores seguirán viviendo en palacios de cristal,
otros otoños salpicarán tu rostro lleno de lagrimas
cuando busques una mano que te salve del naufragio
y vuelvas a sentir que lo mejor del invierno es la primavera
en la que volverás a sacar tus vestidos del alma.
Habrá llantos en las mañanas dulces de café y tostadas
cuando tristes noticias salgan de una radio herida,
escupirá el móvil imágenes mil veces repetidas
y otra tormenta de dolor sacudirá lo más oculto.
Entonces te quedará el cine y los libros,
subir a alguna montaña para gritar a la luna,
bajar, de vez en cuando, a los infiernos,
aullar palabras que no valen nada
para huir de los intransigentes que te mirarán
desde los cielos de la perversidad.
Cómo duele la tristeza de la sinrazón,
los dioses inútiles tantas veces creados
en la desesperación de vacios existenciales.
Nos seguiremos levantando tras las caídas,
con la felicidad más cotidiana
de un paseo, de unos besos o de una ducha tibia,
o cuando llego y las velas me devuelven
la verdad más fresca de vivir.


David J. Calvo

martes, 9 de mayo de 2017

Nombres de parejas

Al leer o escuchar dos nombres reconstruimos historias de amor o desamor.

Nombres de parejas

En el precipicio se han aparecido
la reina de Saba enamorando a Salomón,
Penélope esperando a Ulises
en las tardes mediterráneas de Ítaca,
Cleopatra con Marco Antonio
antes de suicidarse una mañana,
Salomé degollando al Bautista
y poniendo su cabeza en la plata de Tartessos.

Con el viento gélido pasaron
Adriano y Antínoo ahogado en el Nilo,
Isolda y Tristán traían gesto serio.

También llegaron, a la carrera, Abelardo y Eloísa,
para cantar un final conventual,
los amantes de Teruel
con riquezas fuera de plazo
y besos que matan,
Dante que inventó otra forma de amar a Beatriz
su consuelo fue la poesía,
Juana “La Loca” y Felipe “El Hermoso”
con su amor a primera vista plagado
de infidelidades y reconciliaciones,
Garcilaso tan enamorado que pasó
de sus ninfas para volar a Portugal
en la aguas del Tajo sin tocar a Isabel.

Hernán Cortés y La Malinche,
Shah Jehan y Muntaz Mahal
el sueño hecho piedra,
Sisí de Baviera y Francisco José,
Frida Kahlo con Diego Rivera,
Gala inspirando a Salvador Dalí,
que miraban desde los infiernos.

A lo lejos Don Quijote buscando a Dulcinea
cuando era Sofía Loren,
Julieta sin Romeo,
Grace Kelly curvas, velocidad y belleza,
Eva Duarte de Perón
paseando por Toledo,
Norma Jeane con Arthur Miller
llantos y literatura.

Siguió cabalgando el amor,
sin nombres con historias,
enamorados antes de la batalla,
ríos de sangre en las playas,
noches que duran años, tardes efímeras.

David J. Calvo

domingo, 19 de febrero de 2017

Microrrelato 1



Fin de la guerra

Un beso. Prohibido. Dos besos. Más prohibido todavía. Te apartan, me apartan. Te taparon la boca como si besar fuera otra vez pecado. Amores clandestinos en las mañanas lluviosas de domingo.

Fotografía del último parte de la Guerra Civil Española.

lunes, 24 de octubre de 2016

I Certamen de Microrrelato Cerveza Domus



He tenido la suerte de poder ganar, en la categoría "Adulto", el I Certamen de Microrrelato Cerveza Domus. Aquí os lo dejo para que podáis saborearlo.


Con una Domus
Con una Domus leímos versos de Machado, volamos en almas extrañas con las Leyendas de Bécquer; con una Domus se coló Ángel González con morcilla e historia, con la vida a jirones; con una Domus viajamos dentro de una habitación a mundos de hace siglos a emociones desconocidas; con una Domus cantamos Aunque tú no lo sepas antes de saber que era un bello poema y tripulamos amores a la luz más oscura de algunos callejones; con una Domus condujimos serenos amistades y credos, ignorancia y locura, soledades y deseo; con una Domus aprendimos que los ruiseñores no se matan, que las palomas llevan collares, que las sombras a veces son demasiado visibles, que se puede viajar a la luna desde Úbeda, que todas las guerras inciviles tienen un trágico final, que todo el universo es la Venus del espejo.
Con una Domus, sentados en bares, la madrugada se colaba lentamente en la pasión de la vida, comprendimos que los amigos se sumaban con las bajas que van dejando los inviernos, sumamos misterios clandestinos en la cuenta del destino, masticamos derrotas y victorias con la avidez de seguir viviendo, empezamos a intuir que la felicidad estaba en la siguiente esquina, entendimos que la vida, pese a todo, sigue siendo bella.
Con una Domus, en el último sorbo, nos vamos.
David J. Calvo